Vendedores siguen a sus anchas en el entorno de hospitales


Casetas dispuestas con distintos tipos de alimentos, fardos de ropas, buhoneros y triciclos con cocos de venta, es lo que prima dentro del caos, el bullicio y en la estrechez de los entornos de distintos centros públicos de salud de la ciudad capital.
Transitar por sus espacios implica tener que soportar momentos difíciles. Sobre plena vía, sobre el material para rodamiento de vehiculos, o bien sus aceras, cerca al area hospitalaria, una maraña de puestos de venta y la gestión de venta de sus dueños, agravado por la bulla y el ruido en el ambiente.
Como caso normal en estas situciones, los tanques de gas son visibles a distancia, y también es posible observar como la mercancía de atuendos usados se hace presente en mesas improvisadas.
Asimismo, los coloridos paraguas también se conjugan en un ambiente que debería inspirar calma, paz y silencio, aunque solo demuestra ser el lugar menos apto para realizar venta de proporciones semejantes.
A las 11 de la mañana de un día cualquiera se puede recorrer un trayecto en el lugar, a través de los tramos donde están localizados estos sanatorios, como es el caso del Hospital Materno-Infantil San Lorenzo de Los Mina,  en las inmediaciones de la avenida San Vicente de Paúl. Allí,  los negocios de frituras se hacen presente, y un un perpetuo escándalo propio de los vendedores que siguen estos quehaceres cada día.
El panorama es igual de sobrecogedor al orientar camino hacia el Hospital Doctor Francisco E. Moscoso Puello. En esa locación, las paleteras y venta de diademas son comercializadas de forma concurrente, lo que en cierta manera puede arrebatar la amenidad que debe florecer y persistir en los centros hospitalarios, con el objetivo de brindar armonía a los enfermos que allí se consultan.
 En el  Luis Eduardo Aybar, el ambiente de mercadería es igual de complejo, con el agravante de que la población de comerciantes es mayor y se sitúan justo delante de las verjas que delimitan el espacio de este centro de salud.
Allí es posible encontrar a haitianos realizando la comercialización de artículos de uso común y alimentos.
Esta es la otra cara de la moneda que denota la realidad de aquellos que sobreviven con la venta de productos, bien preparados o comprados para ser revendidos.
Así es la vida de Francisco Barrientos, quien ha permanecido estos últimos años con la venta de empanadas en una caseta de hierro, sobre la acera del antiguo Morgan. 

(+) SIMILAR A LOS PROBLEMAS EN EL ENSANCHE MIRAFLORES 

Esto ocurre en cualquier lugar donde hay mucho movimiento de gente, sobre todo centros de salud y de estudio. Tal es el caso del ensanche Miraflores, reflejado con mayor rigor en torno a cuatro de sus calles laterales y espacios de aceras. Desde que fue inaugurada la universuidad de la Paseo de los Periodístas, seguido empezaron a caer los anaqueles, toldos mugrientos, mesas, sillas plásticas, carritos de bebés y parasoles contra sol y agua, para el negocio de comida y una variedad de artículos. A día de hoy, en esos espacios se ha creado un gran problema vial al que las autoridades no dan solución.

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